La esquizofrenia es una enfermedad del cerebro, probablemente producto de alteraciones en el desarrollo cerebral del feto, que afecta al 1% de la población.
La esquizofrenia es una enfermedad extraordinariamente compleja, en la que concurren multitud de síntomas, entre los que se incluyen la psicosis, los síntomas negativos y los síntomas afectivos y de desorganización. Para facilitar su identificación, los síntomas se han divido en tres grandes subgrupos: los llamados síntomas positivos, los negativos y los de desorganización. Además de estas tres áreas, otros dos tipos de síntomas deben tenerse en consideración: los emocionales o afectivos y los cognitivos.
La evolución es variable, con un tercio de pacientes que experimentará un único episodio a lo largo de la vida. El resto de pacientes, con un adecuado tratamiento, es capaz de llevar una vida razonablemente adaptada.
Gran parte de la sociedad tiene la noción de que los pacientes con esquizofrenia son sujetos especialmente violentos y peligrosos. De hecho, el riesgo de que un acto violento sea cometido por un paciente esquizofrénico es sólo el doble que el de una persona sana.
Cerca del 5% de todas las esquizofrenias se inicia antes de los 15 años de edad. En los casos en que aparece a edades más tempranas, suele comenzar de forma lenta, predominando los síntomas negativos de retraimiento social y emocional. Este tipo de esquizofrenia es más frecuente en el hombre y tiene un peor pronóstico.
Diferentes estudios realizados a largo plazo con los pacientes con esquizofrenia señalan cómo éstos presentan una menor esperanza de vida con respecto a la población general. Aparte de los fallecimientos por suicidios (5-10%) o accidentes, existe un aumento de la frecuencia de otras enfermedades médicas.
El tratamiento siempre debe incluir la medicación antipsicótica. El manejo adecuado debe incorporar una terapia integral con una pauta farmacológica óptima junto con intervenciones psicológicas y de rehabilitación psicosocial.
Los fármacos actualmente disponibles son seguros y eficaces para el paciente. La eficacia, ampliamente demostrada a lo largo de los últimos cincuenta años, se centra en dos puntos: el primero es la remisión de los síntomas psicóticos durante la fase aguda; el segundo es la prevención de nuevas recaídas. Pueden ser utilizados dos tratamientos no farmacológicos en los pacientes con esquizofrenia: la terapia electroconvulsiva o TEC y el segundo, en fase de investigación, es la estimulación magnética transcraneal o EMT.
El estudio de las bases genéticas, tanto como marcadores o como causas de la enfermedad, así como el uso de las técnicas de neuroimagen asociado a las pruebas neuropsicológicas, cimentará el diagnóstico en datos empíricos y objetivos.