El dolor puede clasificarse en agudo y crónico. El dolor agudo está provocado por estímulos dolorosos originados por traumatismos, cirugía, enfermedades o una función anormal de vísceras o músculos. Es de duración breve, de menos de tres meses, y habitualmente cede al remitir la causa que lo origina. Por el contrario, el dolor crónico se define como aquel que persiste más de tres-seis meses, a pesar de que haya desaparecido la causa que lo originó.
La evaluación médica del dolor es a menudo difícil y obliga a recurrir a diversas técnicas. Actualmente, los métodos más utilizados son los que evalúan verbalmente el dolor, mediante una entrevista clínica o la realización de escalas del dolor o cuestionarios.
El tratamiento del dolor se basa en el método que diseñó la oMS para tratar a los pacientes con dolor asociado al cáncer; sin embargo, la disponibilidad de nuevas vías para la administración de los fármacos analgésicos y la realización de nuevas técnicas para el tratamiento del dolor, ha determinado cambios en dicho método.
Los fármacos más utilizados son los analgésicos antipiréticos, los antiinflamatorios no esteroideos y los fármacos opioides. Estos fármacos pueden ser administrados por diferentes vías como la vía oral, la transmucosa, la transdérmica, la rectal, la parenteral (subcutánea, intramuscular e intravenosa) y la vía espinal (epidural e intratecal).
A pesar de que en la actualidad se dispone de fármacos y técnicas eficaces para suprimir o aliviar la mayoría de las formas de dolor, el dolor agudo posoperatorio, definido como el dolor que presenta el paciente quirúrgico y que está provocado por la propia enfermedad y/o por el procedimiento quirúrgico, tiene todavía una incidencia elevada especialmente el primer día después de la intervención quirúrgica. El tratamiento del dolor posoperatorio tiene como objetivo conseguir un mayor bienestar del paciente y evitar la morbimortalidad ligada al dolor posoperatorio ya que éste, en sí mismo, provoca complicaciones (cardiovasculares, pulmonares, inmunológicas y psicológicas) que pueden retrasar el alta hospitalaria e incluso aumentar la mortalidad del paciente operado.
La incidencia del dolor crónico también es todavía elevada y en una encuesta europea realizada para conocer la incidencia de dolor crónico, no oncológico, se observó que el 19% de los encuestados presentaban alguna forma de dolor crónico.
Para el tratamiento del dolor existen las Clínicas del Dolor, unidades especializadas en el diagnóstico y tratamiento del dolor, donde un grupo de diferentes especialistas estudian y valoran los problemas del dolor y plantean la estrategia indicada en cada caso.